Un Lugar En El Mundo

Encuentro

Muelle

Una camioneta me acerca hasta los pies del Atlántico, en el sitio mismo donde éste es abrazado por el Golfo de San José, precisamente en Puerto Madryn, donde desde el horizonte las aguas bañan la actual playa de Villarino, esas mismas que trajeron a la embarcación “Mimosa” con centenares de colonos Galeses que eran perseguidos por sus expresiones culturales, incluyendo la lengua gaélica, lo cual motivó que un grupo organizara expediciones para encontrar otro lugar en el mundo donde vivir.
Al ponerme de pie sobre la caja del rodado, miro hacia el mar y siento la libertad de mi mirada, llegando a ver a esos hombres, mujeres y niños desembarcar de la goleta “Mimosa”. Sus rostros vislumbraban que la tierra que acababan de pisar sería el sitio donde iban a poder asentarse para comenzar a tejer una nueva historia. Por un momento percibí que se encontraban estupefactos mirando hacia el oeste, no avanzaban ni retrocedían, sólo esperaban estancados, que las olas volvieran contra ellos embistiendo a sus cuerpos, sus ojos atónitos únicamente querían observar, grandiosa era la sangre que fluía en esos corazones galeses como para que esos hombres quedasen congelados en tierras patagónicas. Al divisar que la tierra se escurría por debajo de sus pies, y aquellos lejanos horizontes que tanto anhelaban descubrir se escabullían por sus espaldas deslizándose mar adentro, intentaron tomar con la mano el derrochero de conchillas para que ese sueño no se rompa, queriendo creer que era algo real y no un sueño de naufragio. 

Los fuegos terrenales se extinguían en el cosmos, y desde el cielo brotaba el sol, iluminando los pasos Tehuelches que se acercaban a la costa. Fue así que me di cuenta que no era el único que estaba presenciando la llegada de estos soñadores, el asombro se desprendía de las caras de los galeses al darse cuenta que no estaban solos, sino que había gente que habitaba esta patagonia semidesértica; los tehuelches tenían su lugar.

Las almas galesas escaparon despavoridas cubriéndose detrás del corazón, usándolo a éste como escudo de los conflictos que se avecinaban. El corazón trató de domar la euforia que se adueñaba de los latidos que galopaban a un ritmo salvaje, en busca de ese sueño que lo sentían cercano. La serenidad hizo suyo el episodio y el ser actuó.

Las almas tehuelches vieron en peligro su lugar en el mundo y no sintieron miedo de lo que sobrevenía, no creían en el huinca, pero sí creían en sus dioses y los presagios no eran malos, el corazón se abría, los brazos se multiplicaban y el ser actuaba.
  
El viento soplaba… Las diferencias entre ambas culturas eran amplias, la tierra una sola; las lenguas eran dispares, las voces del alma las mismas; genes ancestrales disímiles, sueños semejantes, en búsqueda de un lugar en el mundo. El viento ansiaba unir y enviaba, de un soplo, tropas desde el “Este”, el viento ansiaba unir y avivaba aires que avanzaban desde el “Oeste”, mantenerse inmóvil en ese vendaval se hacía profundamente imposible, los pies zigzagueaban a los decretos de los emperadores y sin el consentimiento de sus voluntades conquistaban años de “sin lamentos” por lamentar, cada paso solventado por la brisa se acercaba a la paz. Antes tan lejanos, hoy tan cercanos. De qué punto del mar emergieron, de qué parte del universo nacieron esas llamas que parpadearon a nuestro capitán.
De pronto, como esas tormentas que nacen en el imprevisto boicoteando futuros determinados, el azar hizo suyo ese momento y reunió en un abrazo a galeses y a tehuelches, la naturaleza logró lo que muchos hombres a veces no se permiten: vivir en paz, y callar a las voces de la guerra, situarse en un mismo suelo y convivir en comunión con el hermano. Las almas hablaron y  el intercambio que se produjo entre ambas culturas fue pacifico, los hombres que habitaban estas tierras no se creían dueños de ellas, al ver llegar el barco sólo pensaron en vivir en ese mismo territorio, decidiendo aprender unos de otros, no creyéndose los jueces del destino para volver a ese barco a la mar. Los aborígenes compartieron su sabiduría y la patagonia se abrió inmensa ante ellos.

El alma del soñador sobrevolaba las cumbres mi interior, sus alas se extendían en los mares revueltos del corazón, regocijándose de paz, experimentando el encuentro con el ser, los numerosos “YO” morían y crecía la esencia del verdadero “YO”, los dogmas pasaban a hacer sólo dogmas y no cadenas que romper. Salté de la camioneta y fui testigo de que el mar no separa, une; que el mar no intimida, despierta, el mar cubrió mis sentidos y me dejó desnudo ante él, llegó a mí y el ser descubrió su lugar en el mundo.

Como aquel 28 de julio de 1865, el mar arrastró a la embarcación “Mimosa” hacia tierras lejanas, algún día mis sueños me impulsarán hacia vos mar de los deseos.

Coscia Luis

 

La llave maestra



Caminando al costado de la ruta, voy alejándome del Norte, la mochila sigue trepada a mi espalda, cada paso más liviana, cada día más kilómetros, cada retirada nuevas heridas, nuevos lugares diferentes cuentos, cada mirada nuevas vidas, cada episodio un recuerdo, cada tropiezo una enseñanza, cada reflexión un aprendizaje, cada atardecer  una experiencia por compartir. En dirección al Sur señalan mis pies, la imaginación va de Norte a Sur y de Este a Oeste, las ideas giran alrededor del sol.

Desde el precipicio de lo incierto lancé todas las llaves que había conseguido en los tramos recorridos, al quedarme la última sobre la palma de la mano, la observé, la arrojé y decidí atesorar mis sueños en lo más profundo de mi alma. Ahora ando sin llaves, sin puertas por abrir, sin deseos de desear, salí a caminar…

Llaves que penden de un destino, qué significado tendrán. Llaves que dan la orden de ocultar lo desconocido, cerraduras que cerramos antes de conocer lo inexplorado. Llaves que conviven en nuestras rutinas todos los días, muriendo siempre en el mismo sitios, visitando lugares cotidianos que esconden su aprecio de manera ingenua, escondidos en encierros sin portal.

Llaves maestras, con valor inverosímil, cuántas llaves habremos creados en nuestras vidas para clausurar instantes, o rescatar recuerdos encerrados bajo las llaves del olvido. Llaves que nos abran un mundo recóndito, en la realidad fluctuante de baúles sin candados.

Llaves tan solo llaves, que mueren en cajones atareados de incertidumbres descartadas de años atrás, derribando puertas que quisiéramos volver a romper, llaves sin amos, amos sin llaves.

Quiero salir, quiero correr y no me puedo escapar. Intento vivir fugado de lo que me persigue, tiros las llaves y rompo las cadenas. Caigo sobre la cama, mi cabeza me aplasta y el corazón sangra, el alma se escabulle por debajo de la puerta, corro tras ella y choco con el miedo, rendido, mis manos intentan seguir el camino del has de luz, éste me mira a los ojos y se escabulle en el ocaso. Las  fuerzas me dominan y tira sus llaves, no sé cuál elegir, me quieren engañar, yo tan sólo quiero vivir.

Llaves traicioneras, llaves acosadoras, llaves inconcientes, llaves guardadas que despiertan un día para mostrarnos lo que consiguieron, pidiendo que las glorifiquemos por su invención, haciéndonos creer que ellas son el oro y sin ellas somos barro. Llaves aturdidas que clausuran lo que no quieren ver, llaves de fantasmas que agrietan nuestras bocas, llaves que pisotean el pasado embarrando sentimientos escondidos. Llaves que no cerraron, llaves que no olvidaron, llaves escondidas, llaves vivas del ayer que no murieron, para volver a repetir aquello que creímos incierto, enterrado, llaves que solo sacuden al tiempo, no abren, ni cierran, son solo eso, llaves que debemos guardar y con las que aprendemos a convivir, siempre están ahí, expectante de lágrimas acunadas de la infancia.

Llaves que golpean la moral. Llaves que intentan abrir puertas jamás cerradas. Llaves que únicamente buscan hurtar recuerdos borrados de la conciencia, para traerlos al presente, llaves que no buscan crear, involucionan el desarrollo de una vida. Cerraduras que buscan perder su llave para olvidar su pasado, cerraduras que no desean tener su llave incrustada, buscan un resquicio donde filtrar intimidades vividas, para revivir aquello que las paredes decidieron guardar para siempre, para que “el nunca” desafíe su tumba.

Ésta llave no es una vida, son segundos de una vida.

 

“Amanece otro día de guerra”

Cruz_puerta_antigua

Al llegar a la ciudad de Río Grande, y enfrentarme al Atlántico, comencé a recorrer su costa sin saber hacia donde se dirigía mi alma. Cadenas de almas cinchaban con fuerza al vaivén errático que disparaba el cerebro, el viento empujaba con ímpetu al recuerdo, buscando a que se entrometa en ese momento de aflicción, en el lapso donde el corazón caía de rodillas en el Monumento a los Caídos en Malvinas. El silencio hizo lugar al reconocimiento, las banderas se abrazaron al cielo y un ángel rindió homenaje para todas aquellas almas guerreras.

Cuando hablamos de guerra ¿de qué nos quieren convencer? Las historias de guerras tienen un antes, un durante y un después. El “antes” y el “durante” son similares, cargan con un principio y un fin, pero el “después”, tiene un inicio sin poseer final. Es una historia de nunca acabar, donde no se puede vivir en paz con la vida, porque fue fusilada sin compasión por sucias conciencias. Dejaron que en un segundo miles de personas perdieran lo que habían construido durante años, montañas de sueños y felicidad, para ustedes tan sólo un par de cuerpos más.

Si te cuento que un montón de gente perdió sus sueños por un simple pedazo de tierra, encerrando en un cajón su propio motivo de vida. Ellos que aún caminan con sus almas extirpadas, donde ni un cementerio, una cruz, o una simple leyenda lograrán llenar tanto espacio vacío. Ustedes, sucias conciencias, decidieron por ellos sin dejarlos escribir su propia historia.

Dentro de esos cajones no hay sólo personas, hay familias, proyectos, esperanzas, amaneceres, atardeceres, palabras; que pueden ganar muchas más guerras sin la necesidad de utilizar las armas, que sólo producen dolor y el quebrantamiento de la paz mundial.

El combate terminó pero ellos siguen en batalla, consiguieron sobrevivir el tiempo que duró la guerra, pero su terror no murió ahí, los despierta cada mañana, las pesadillas los hostigan y el espejismo del pasado sigue atacando a sus conciencias al intentar reinsertarse en la sociedad. Basta de guerras inútiles, que persiguen aires de poder de personajes que únicamente cultivan el dolor y el rencor de los pueblos. Velando ilusiones que matan a individuos que hoy todavía lloran sin saber si están vivos, corazones que nunca cerrarán las heridas, esperando que un milagro les devuelva aquello perdido, que le arrebataron.

Ahí te encuentro sentada, en la antesala de alguna noticia de esa alma guerrera, ahí percibo tu angustia desbordar sobre el vacío, ahí veo tu lágrima romper sobre lo incierto, ahí siento tus manos temblorosas aferradas a ese recuerdo que te provoca el resurgir de lo vivido. Balas que matan a centenares de corazones, y hieren a las almas que se atrincheran en la soledad angustiante de una espera desafortunada. Días que transcurren en la eterna búsqueda de aquel amor que nunca volverá.

Me dormí en soledad y las estrellas conspiraron en querer cambiar la historia. Soñando me choqué con el sueño de que volvías, te tomé de la mano y comenzamos a caminar.

Dedicado a aquellas personas que abandonaron sus vidas, cediéndoselas a las patria y principalmente a todas esas personas que, aún hoy, esperan a esa vida con la luz encendida.

                                                                                                                                      Coscia Luis

 

Huellas



El soñador se había extraviado, no encontraban rastros de su destino. La policía del Sur comenzó a juntar pruebas y no había más prueba que lo escrito. Su vida era ésta, las palabras, de aquí tendría que salir las pistas para ir tras él. Los menos rebuscados y sencillos lanzaban sus opiniones centradas en el sentido común, las que no estaban tan alejadas de la realidad. “Al soñador únicamente lo van a ubicar al costado del camino, ese es su lugar, corriendo tras un sueño, se habrá perdido entre los sueños”.

Marcando su primera huella, su energía se transformaba en movimiento, su presente en pasado, el futuro en presente y el presente en vida.

Numerosos estudiosos de la historia que analizaron sus huellas determinaron que en los contornos había rastros de incertidumbre. Lo más raro sucedió cuando empezaron a estudiar el interior de la huella. Encontraron señales de miedo cercano a su talón, donde comenzaba la pisada, eso no era lo misterioso, lo extraño era que no tenía los matices que destacan al miedo, sino que se mezclaban con tintes de serenidad y pensamientos, cada paso era incierto pero seguro. La lupa se sorprendía a cada observación de lo que encontraba, ya que nunca había visto algo así, con diversos fragmentos que comulgaban con total naturalidad. De todas maneras sin llegar a una conclusión precisa de cómo podría ser la vida de ese caminante. Cuando llegaron a la zona central de la huella advirtieron un punto que lo estremeció, había rastros de piel, desechados del pie del ser vivo.
Días después el laboratorio comunicó los resultados de los análisis. Los cuales en pocas palabras expresaron que eran trozos de cobardía que en su totalidad no se podía determinar los años de vida de la misma. Ya llegando al final de la investigación en el tramo final de la pisada, cuando daban todo por consumado, apareció algo no pensado o mejor dicho y aún más, ni siquiera esperado. En el sector donde apoyó las yemas de los dedos del pie descubrieron que el suelo se encontraba hundido de acuerdo al nivel de la tierra y de forma compacta, la tierra se entremezclaba con numerosas fracciones de fe y esperanza. Los dedos estaban claramente definidos y el paso se pronunciaba unos milímetros hacia delante, dando señal que el impulso era muy potente.
 
Cuando pensaban que todo lo habían descubierto, que todo lo sabían, que ya no había con qué lo sorprendiera esa insignificante huella que tantos dolores de cabeza les había traído. Fue el momento justo en que la vida le pegó esa bofetada tan bien merecida. La lupa levantó la vista y vio al costado de la huella una piedra escrita que decía:

El alma se lo propuso,
la fe marcó el camino,
escribiendo su destino.

Desde lo alto de la montaña, el soñador mira hacia un futuro cercano, la mirada se pierde en el cielo, muchos creen que está reflexionando para volver; pocos se dan cuenta que está viviendo al revés de lo ficticio…

Coscia Luis

 

EL FARO



Aquellas palabras finales quedaron retumbando en el espíritu del soñador, fue así que aquel faro comenzó a iluminar sus pasos.

Solamente quedaban días, para empezar el camino en busca de un sueño, siguiendo la ruta de nuestra tierra y la del corazón, que insiste en continuar tras el desafío de poder vivir, manteniendo aquellos ideales que marcaron a nuestra persona en el inicio de nuestras vidas.

Sentado en una plaza observaba como la gente iba y venía, sueños pequeños jugaban a representar otras vidas y las hojas de los árboles murmuraban, en lenguas de la madre tierra, un mensaje que no lograba descifrar. Mis pies igualmente comenzaron a moverse inquietamente pidiendo marcar huellas, las manos buscaban su musa para poder escribir, y el corazón se entregaba al camino. 

El corazón, eligió nuestra América, en donde depositar esa ilusión. La tierra donde nacimos, la que nos vio crecer, la que pretendió educarnos con aires de soñadores, esa misma que soñó con su libertad y con nuestra propia libertad. La que nos brindó un cielo inmenso donde poder extender nuestras alas e historias de personas que creyeron en sus sueños y le dieron matices a sus locuras, abriendo camino para los que venían detrás, sabiendo que sus sueños no iban a morir en el intento, tal vez perderían sus vidas de forma heroica, pero sus ideas continuarían latentes en cada corazón latinoamericano.

Ellos ya no están, pero sus sueños y la convicción de creer en la semilla de los sueños siguen vivas, buscando ese camino, marcando que las utopías no existen, existen los sueños, la lucha por ideales nobles, el coraje en intentar, la fe en continuar ante la derrota y la esperanza de creer que las ideas viven para siempre. Y en las manos de los hombres está el valor de que esos sueños tengan su propia vida.

En el corazón sembré la semilla de los sueños, en cada amanecer florece con mis pensamientos y a lo largo del día perfuman mi alma dándole un motivo para no abandonar aquello que anhela…

En este momento los pies se encuentran descansando a la espera de una nueva misión, las manos y la imaginación se encuentran jugando sobre las hojas recolectadas, y el corazón está latente a cualquier cuestión relacionada a su naturaleza.

Las letras piden a gritos organizarse, las palabras buscan aliarse, con el lema “la unión hace la fuerza”, de ellas nace el espíritu socializador de las ideas, vacías de optimismo, expectante de pasos peregrinos que marquen su andar. Y en la puerta de cada hogar espera sentado un cuento que lo pasen a buscar y que manos maestras acunen su cantar. El cuento pide ser escuchado, pide que se narre aquello que pudo ser y no lo fue, o aquello que fue y en el camino del olvido aun existe, esperando revivir por una brisa que quite el polvo del abandono de sus hojas, marcadas algún tiempo atrás por un corazón viviente que creyó en darle vida a los relatos y cercano a un faro iluminó su primer hoja. 

Imagina tu sueño
construye tu sueño
y ve en su búsqueda.

Si el encuentro no se produce
no dejes de soñar.

 Jamás abandones un sueño.
Un día ese sueño te sorprenderá
y al instante, podrás identificar
que fuiste tú
quien lo comenzó a soñar.

                                                                                                                 

Coscia Luis

 
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