RALY BARRIONUEVO: NIÑA DE LOS ANDAMIOS

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Después de “El sueño de los viajeros”, su segundo registro en vivo, Raly Barrionuevo volvió a grabar un disco de estudio, que no registraba desde “Chango”, en 2014. Se trata de su placa número 11,
Un Raly hecho de árboles añosos, de escaleras y molinos, de serpentinas y retazos se dibuja en la tapa del disco, que lleva un concepto: la naturaleza, tal vez en la senda del Raly que ha hecho propio el compromiso con los bosques nativos de Córdoba, actitud que le ha valido la censura de las entidades que representan a los intereses del capital agropecuario, que contrapesó con el apoyo de miles de personas que comparten la causa en contra del desmonte descontrolado.
Desde hace un tiempo se echó a rodar “La Niña de los andamios”, el corte de difusión que bautiza al disco, una chacarera al estilo Raly, con ese rasguido tan característico del santiagueño. Ese inicio de una canción en la que se cuenta la historia de una niña parece una continuidad con otras niñas que recorren la poética de Barrionuevo, tal vez referenciadas con la vivencia personal, reforzada esta observación por aquello de “compañera eterna de mi voz” que mira “desde allá” en referencia al cielo.
Le sigue “Y seremos agua”, significada en su lírica como “la madre de lo verdadero”. Su voz y la guitarra en “Amiga tierra querida”, con Peteco y Demi Carabajal aparece como tercera canción del disco, con un aporte de patio de tierra y pies descalzos zapateando.
En “La Ocasión” se pone reflexivo y permite el baile con aire norteño en “Tu memoria y tu mañana”, donde la voz de Raly suena hermosamente despojada para cantar. “La frontera se corrió/el avaro destruyó sin escrúpulo/y sin importarle nada/A la tierra volverás/no la hieras nunca más”, sentencia. Esa canción que arranca las palmas, sintetiza el disco y resume también un momento de la actualidad del país con un tema que los medios de comunicación quitan de la agenda a fuerza de avisos publicitarios.
Algunas con Juan Pablo Toch, otras con su viejo socio creativo Ernesto Guevara (la hermosa chacarera “Agua de los tiempos” en la que ambos cantan “Cuando la semilla desoje la miseria/mi alma será vendimia/mis ojos serán de tierra), Raly vuelve a ofrecer canciones propias de gran factura. Un escondido con piano, una huella como si fuera un pampeano (en la que canta “Viento compañero de la semilla/carne de la lluvia que trae la vida. Sol de la mañana sombra en la tierra/Canto del labriego de amor y huella”), Raly demuestra que puede cantar cualquier canción que sea capaz de sentir más allá del género y que también es capaz de componer como si hubiese nacido allí. En ese misterio está la clave del santiagueño.
En “Siete palabras” Raly dice amparado apenas por el golpe del legüero y con su voz, acaso su mejor instrumento, sonando cruda. Hay ritmos para bailar y otros en clave de canción, como “Abre la distancia”.  Si se quiere buscar una comparación, el trabajo parece estar más cerca de discos pasados de Raly que de los últimos registros, aunque tampoco sería justo decir que haya abandonado un camino para tomar otro. Más bien ha hecho una traza con distintos momentos, en los cuales las impresiones de su mirada de artista quedan registradas como un testimonio que da con calidad y conciencia.
Aunque no lo hace para ellos, deja una preciosa chacarera (“De la plaza”, letra de Raly y Fumel Suárez Azar con piano y dedicada a su querida Unquillo) para los que dicen -sin saber- que Raly no hace folklore porque enchufa una guitarra. El disco, con 12 canciones, termina con un arrullo: “Mi esfera de cristal”, con Raly y la guitarra, a solas, para contar desde adentro la partida de su padre.
Al disco le cabe el calificativo de bello, con la calidad vocal intacta de Barrionuevo y una instrumentación sin arreglos complejos ni nada que no esté puesto al servicio de lo que se quiere decir. Es una placa que transmite un concepto y lo hace sin artificios para entregar un trabajo capaz de testimoniar el camino de un artista comprometido que no abandona la calidad ni resigna la poesía para seguir diciendo.

Podés escuchar ADN Argentino de lunes a viernes de 7 a 8 am con la conducción de Gabriel Gallo.